Es curioso. Hace tiempo que no escribo nada. Quiero decir, nada que no sean canciones, o reseñas, o cosas así.

Y no es que no haya cosas que contar, ojo. Que las hay. Tal vez no sean interesantes para nadie salvo para mí, pero eso nunca me ha importado a la hora de escribir aquí. Que ya sé que suena repipi e hipócrita, pero repito que escribo más para mí que para otra cosa. No por ego (o al menos eso espero), sino porque, francamente, no me importa cuánta gente me lea, ni siquiera si alguien me lee. Antes de escribir aquí escribía en mi otro cuaderno; no el de tapas rojas, sino el de tapas grises. Dejé de hacerlo cuando me di cuenta de lo fácil que era que alguien llegara y lo leyera y se preocupara, porque lo que se escribe en un cuaderno se saca fácil, fácil, de contexto.

Esos álguienes no saben llegar hasta aquí, así que ya no se preocupan más. Mejor. Una cosa menos. Si hay que preocupar, se preocupa. Pero si no, es perder el tiempo.

Y ahora estoy en la oficina, haciendo como que trabajo, cuando en realidad estoy escribiendo esto. Y en el fondo me siento un poco culpable, porque, contra todo pronóstico, aún conservo algunos restos de la educación que me dieron mis padres. A mi hermano y a mí nos inculcaron a fuego los ideales del deber, el honor y la honestidad. Pero por otra parte, la vida da muchas vueltas, y las cabezas no te digo cuántas. Ahora tengo dos vocecillas en la cabeza: una que me dice que, si mi jefe finge que esto es una empresa y no un circo, yo tengo todo el derecho del mundo a fingir que no hago el payaso, sino que trabajo. Pero por otra parte tengo otra vocecilla que me recuerda todo el rato que, en el fondo, pienso que al fin y al cabo me pagan por hacer el payaso, y eso lo convierte en un deber.

Y si mi jefe finge que hace cosas por y para la empresa, ¿tengo derecho a fingir yo también que estoy trabajando por y para la empresa, cuando en realidad estoy escribiendo esto sin saber muy bien por qué lo escribo?

No sé.

Mi padre siempre dice que trabajo y placer son cosas no necesariamente relacionadas. Claro que él viene de un entorno que... bueno, digamos que tiene que buscar sus momentos de placer fuera del horario laboral. No por propia elección, por desgracia. A mi padre lo empujaron cuando era un jovenzuelo ingenuo al sitio en el que empezó y en el que lo mantuvieron a la fuerza durante más de 30 años. Ahora es más feliz, porque por fin ha conseguido zafarse y levantar un poco la cabeza. Por eso no comprende que mi hermano se queje de los problemas laborales o incluso de otros de carácter más personal que tiene, que en realidad no son tantos ni tan graves, o quizá suceda que no lo serían si mi hermano tuviera otro carácter. Yo por mi parte hace tiempo que tomé la decisión de reír e ironizar sobre todo y todos, aunque no tuviera gracia. Eso no arregla nada, pero por lo menos te sientes mejor. El problema es que acabas ironizando de todas las cosas, y hay gente por ahí muy predispuesta a malinterpretar.

A estas alturas tampoco es que me importe, ojo.

Hace no mucho comentaba un valioso miembro de la Comunidad del Membrillo que esto es lo que hay, que esta es la BIDA que nos ha tocado BIBIR. Y yo añado que puedes cambiar tu entorno, pero que tu entorno también puede cambiarte a ti. Generalmente, para peor.

En esta vida hay que andarse con mucho ojo.